Conocidos y universales deben ser los recursos que nos permitan profundizar en el saber, que es lo que acumulamos como cultura desde el primer hombre y la primera mujer. Ahora, como sociedad en estado crítico, es imprescindible abrir el campo de nuestro conocimiento, es importante aprender mejor.
La tecnología ya ha hecho lo suyo. Hoy la letra puede diseñarse en cualquier lugar del planeta con una infraestructura doméstica.
Lo que todavía permanece en un horizonte posible pero distante es el otro puente, el que nos vincule definitivamente con el desarrollo del conocimiento. Todavía falta incorporar un saber que en otros suelos deviene naturalmente de la continuidad de la historia, el saber construido ladrillo a ladrillo (letra a letra) desde hace milenios. No es la casualidad geográfica del hemisferio que el azar nos reservó; es la historia de esta Latinoamérica. En esa cíclica y sucesiva interrupción de su memoria, de asalto en asalto, de colonizaciones en globalizaciones, se le volaron los testimonios del pasado y cada vez hubo que reinventarse y empezar a aprender de nuevo.
Los múltiples idiomas que utilizaban las etnias que habitaron nuestro suelo se transmitieron oralmente o en representaciones pictogramáticas que no tuvieron el tiempo de decantar en un alfabeto o en una forma escrita, como la maya. Musicalidades hoy desconocidas, casi impensables como comunicaciones; sólo quedaron sonidos acorralados en su aislación, sin el concierto de la cultura que los gestó, reinterpretados en el mejor de los casos por la escritura de los castellanos.
Compulsivamente, nuestra historia recomienza ahí, hace 500 años. Tratando de descubrir lo que fue y se tuvo, procurando asimilar lo que viene dado desde otras culturas, seguimos intentando desarrollar una síntesis propia que abra el capítulo del conocimiento tipográfico específico. Por eso es necesario que nos empeñemos en tender el segundo puente, el que definitivamente nos permita alcanzar un grado de conocimiento similar al universal, el propio.
tipoGráfica cumple 15 años y lo festeja con este evento de aproximación a la cultura de la letra. No es más que una misión conjunta entre las propuestas internacionales y la diversidad de lo local.
Rubén Fontana
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