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Fabián Carreras
 

Genealogía de la gráfica argentina
 

En la década del cuarenta, fuera del ámbito público, una cofradía de demiurgos sentó las bases de una disciplina intuitiva. Esta filosofía matemática se esbozó a partir de la exploración de un principio ordenador, constituyendo de esta manera los antecedentes de la arquitectura tipográfica.

 




 

Raúl Mario Rosarivo amaba los libros y siempre sostuvo que éstos debían ser bellos. Dedicó gran parte de su vida a investigar los orígenes del libro impreso y a transmitir su conocimiento como un verdadero maestro. Tenía la certeza de que en la diagramación de los antiguos incunables existía un valor geométrico que respondía a la fórmula de la belleza.

Comprender su vida, a cien años de su nacimiento, nos propone descubrir la diversidad de su obra, acercarnos a su enigmática personalidad y a los orígenes de las artes gráÞcas en la Argentina para identiÞcar a los precursores, que lucharon por difundir y elevar la cultura del antiguo oÞcio tipográÞco.

Rosarivo nació el 17 de julio de 1903 en Buenos Aires. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes y en 1924 obtuvo el título de profesor de Dibujo. En su juventud inició la búsqueda de incunables, convirtiéndose en un coleccionista de libros clásicos, publicados por destacados impresores. En 1939 colaboró en la organización de la exposición del libro para el V Centenario de la Invención de la Imprenta. En esa oportunidad, le comentó al Dr. Teodoro Becú, organizador de la exposición, su sospecha de que en los viejos impresos del Renacimiento estaría contenido un valor geométrico fundamental.

Su participación en ámbitos intelectuales lo vinculó con destacados literatos, y se inició en las artes gráÞcas como un ilustrador de autores que abordaban temas de la cultura nacional. Trató exhaustivamente la temática del gaucho, los nativos y los paisajes del país.

La Divina Proporción.
La Þlosofía fue el punto de partida que Rosarivo utilizó para desarrollar su teoría. Tuvo particular interés en los principios matemáticos, platónicos y en el origen del Universo, y eligió la circunferencia que simboliza este concepto, considerada como la forma perfecta por su total equidistancia con todos sus puntos. En palabras de Rosarivo, “Argumento: por no-contradicción de que algo puede ser y no ser al mismo tiempo, se determina con certeza que el desorden se opone al orden, precisamente porque en el orden existe una relación armónica de partes naturalmente contraria a su opuesto, el desorden”. Asimismo, consideraba que la geometría “posee entonces valor de punto de partida absolutamente seguro y armónico, por lo tanto estético, desde el cual es posible establecer el desarrollo de una técnica aplicable a las arquitecturas tipográÞcas”. […]

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