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Vueltas
Zalma Jalluf
Durante mucho tiempo, desde la rueda hasta nuestros días, la evolución de la locomoción fue sinónimo de la del hombre. La voluntad humana de andar, de ejercer el movimiento, desarrolló su propia esencia de género descubridor, que asociada a la de permanecer quieto completó su tiempo de creador. Desde entonces la evolución en gran parte fue entendida como la posibilidad de acortar las distancias entre unos y otros, acercándonos, encontrándonos en un mundo diversificado pero socializado por el que circular libremente. Durante mucho tiempo el progreso se describió físicamente con barcos y rieles, con alas y puentes.
Con el correr de los tiempos y los medios, las distancias se fueron acortando demasiado, tanto que los de hemisferio arriba se encontraron cara a cara con el monstruo creado hemisferio abajo. Era pobre, venía sin trabajo, devastada su tierra por excesos ajenos. Hubo que rectificar la promesa. Seamos libres: hagamos circular libremente nuestros bienes, que en definitiva y de acuerdo a las leyes del sistema son nuestros más fieles representantes.
Los totalitarismos se miden por el tamaño de sus absurdos y el grado de vulgaridad en que se empeñan en disfrazarlos, por el manejo de la opinión pública en general y el de las voluntades personales de los seres que la componen en particular. Los totalitarismos bombardean aldeas para salvar naciones o bloquean países para salvar a sus habitantes del convencimiento de tener ciertas otras ideas.
En el más brutal absurdo de su totalitarismo, el imperio decidió luchar, y sucio, por la imposición de sus tratados de libertad de comercio, con la misma desvergüenza con que impide cada vez, la libre circulación de las personas, el alcance libertario de la justicia, el ir y el venir, libre, de las ideas. En su liberal interpretación de la libertad el imperio cierra sus fronteras pero no reconoce las ajenas, amenaza la seguridad mundial con una particular doctrina de la seguridad interna. Viola seres humanos indefensos en nombre de la defensa de sus derechos, derroca gobiernos democráticos invocando potestades superiores que la voluntad civil, dirige los organismos neutrales para volver bastardo lo respetable, mezquino lo responsable. Y para eternizar el carisma liberador de su propuesta, ejerce la más violenta censura, aquella que limita el movimiento de los seres humanos.
Festejan las caídas de los muros que siguen levantando cada día; edifican imperios poderosos para protegerse de los seres vivientes. Con tanta información disponible, quien vive en un estado totalitario siempre se entera cuando es demasiado tarde.
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