Retrato: Adrian Frutiger
La serenidad
Una aproximación de excepcional intimismo deja ver una faceta de Adrian Frutiger poco transitada, la de un hombre de ánimo apacible y sosegado, de reflexión detenida y cuidadosa, atributos que concuerdan con su discurrir espiritual que no sólo se refleja en su propia vida sino también en su obra.
La primera vez que oí el nombre de Adrian Frutiger fue a través de mi maestro Emil Ruder, profesor de tipografía en la entonces llamada Escuela de Artes y Oficios de Basilea. Durante mis estudios en esta escuela, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, un día él me mostró y me comentó las primeras pruebas del programa Univers. Recuerdo que me señaló que las terminaciones de los trazos en las letras a, c, e, s, no terminaban cortadas en diagonal, como en la Akzidenz-Grotesk, sino en horizontal, una característica formal que, por cierto, también se introduciría en el posterior diseño de la Haas-Grotesk. Emil Ruder fue también el primer “divulgador” del programa Univers, y mostró, a través de unas magníficas composiciones tipográficas para las portadas de la revista Typographische Monatsblätter, la enorme riqueza de soluciones novedosas que se podían lograr combinando entre sí las diversas fuentes del programa Univers.
La idea de un programa, de un sistema que abarcara la totalidad de alternativas tipográficas de una fuente, fue tan novedosa que bien podría calificarse de hito histórico. El concepto mismo de «programa» como método de trabajo en el ámbito del diseño ha sido muy poco pensado y menos aun experimentado. Sólo me consta un caso de utilización de programa, aparte del de Univers: el de la familia tipográfica Rotis, de Otl Aicher, aunque, como se sabe, con un planteamiento muy distinto del de Univers. En este contexto vale la pena señalar también la significación de “programa” en la obra de Karl Gerstner, tanto en su vertiente de diseñador como en la de pintor y, en particular, su libro Diseñar programas, cuyo lema principal dice, de manera significativa: “En lugar de soluciones para problemas, programas para soluciones”. Esto constituye una nueva e inteligente manera de concebir el proceso de diseño.

Volviendo a Adrian Frutiger: años más tarde lo conocí personalmente. Fue en 1960, en París. Yo regresaba de una estadía de tres años en Nueva York e hice una parada en esta capital para ver a mi amigo de toda la vida, André Gürtler, que en aquella época trabajaba precisamente con Adrian. Él me lo presentó y de entrada hubo entre nosotros “buena onda”. Poco después de trasladarme a Barcelona en 1961, tuve la oportunidad de dar clases en la recién fundada Escuela de Arte y Diseño Elisava. A lo largo de los cuatro años que enseñé allí, me di cuenta de la necesidad de una bibliografía sobre diseño y tipografía: era imperioso que tanto alumnos como profesores pudieran tener acceso a literatura profesional. Por lo tanto, un día visité a Gustavo Gili para proponerle la edición de tales libros. Como en aquella época no había precedentes en este tipo de publicaciones y el diseño era algo completamente nuevo y desconocido, al editor le pareció más oportuno comenzar con la publicación de libros que abarcaran una temática más amplia que la del diseño. Así fue como iniciamos la Colección Comunicación Visual, en la que se publicaron libros sobre gran variedad de temas, como el arte, la tipografía, la semiología, los medios masivos, la fotografía, el diseño, el color, etc. En total, se publicaron unos 45 títulos. […]
Más información en página 34, tipoGráfica 74
Imágenes para este artículo fueron gentilmente cedidas por la Editorial Gustavo Gili. Asimismo queremos agradecer especialmente a Christoph Frutiger por permitirnos reproducir extractos del filme Adrian Frutiger El hombre del Blanco y el Negro (título original Adrian Frutiger Der Mann von Schwarz und Weiss). Para más información véase www.artfilm.ch / www.hep-verlag.ch